Los viernes, milagro

Sólo había pasado un día desde que el flamante Ministro de Trabajo hablase de que su departamento trabaja en la idea de “redefinir” la ayuda de los 426 euros que perciben los parados que han agotado toda prestación, cuando el Presidente Zapatero anuncia que redefinir significa “suprimir”.

En esta alocada carrera en la que para el Gobierno se ha convertido la gestión de la crisis se aprueba un nuevo paquete de medidas, y es que las reuniones del Consejo de Ministros de los viernes han acabado convirtiéndose en todo un ejercicio de prestidigitación a la búsqueda de la fórmula milagrosa, remedando al genial Berlanga el título de estas reuniones podría ser perfectamente: “los viernes milagro”. Desgraciadamente ni San Matías baja a la tierra habitualmente, ni superar nuestro difícil momento es cosa de milagros.

El primer paso para recuperar la credibilidad política, ese intangible que necesitamos como aliento vital, pasa ineludiblemente por algo que aún hoy no se ha hecho: transmitir a los ciudadanos la imagen fiel de los tiempos que atravesamos y de los que se avecinan.

Con las actuales perspectivas de evolución del paro, el año 2011 dejará a un número creciente de desempleados con rentas muy bajas o sin renta, en Setiembre de este año de los parados que cobran algún tipo de prestación- unos 2.700.000 solamente- el 50,3% (1.366.819 personas) percibía sólo prestaciones asistenciales, incluida la Renta Activa de Inserción, a razón de una media de 486 €/mes. Y a éste grupo irán a parar a lo largo del 2011 cientos de miles de personas que entraron en el desempleo en la fase más aguda de la crisis (entre la segunda mitad de 2008 y la primera de 2009) y continuarán en el paro. Y lo peor, ya hay más de un millón de parados que nada perciben, con el anuncio del Gobierno esa cifra se incrementará sensiblemente.

 Este es el escenario de nuestras urgencias, no hay nada más prioritario que la reducción del desempleo. Y mientras esto se produce la implicación de todas las administraciones para no abandonar a su suerte a estos colectivos se vuelve una cuestión de pura supervivencia, no sólo para ellos sino para el propio sistema.

Si algo necesita de una urgente reforma que las dote de racionalidad, coordinación y estabilidad son precisamente las políticas de protección contra el desempleo. Por eso no está de más recordar que UPyD ya planteó en el mes de Setiembre de 2009 en el Congreso, a través de nuestra Portavoz y Diputada Rosa Díez, una Proposición No de Ley instando al Gobierno a iniciar urgentemente los trámites de modificación del Real Decreto 1369/2006 por el que se regula la Renta Activa de Inserción, con el fin de mejorar la cobertura social para aquellos trabajadores que agoten las prestaciones y subsidios de desempleo. No fue aceptada entonces ni por el  PP ni por el PSOE -ambos con vagas excusas de estudios posteriores- por eso cuando el escenario se agrava día a día conviene recordar en qué consiste nuestra propuesta.

En primer lugar, ya planteábamos entonces que en vez de seguir prolongando la ayuda estatal de 420 euros del llamado Programa Temporal de Protección por Desempleo aprobado en Agosto de 2009 se generalizase el acceso a la denominada Renta Activa de Inserción –dirigida a parados mayores de 45 años con ingresos inferiores al 75% del SMI y colectivos con especial dificultad para encontrar empleo y en situación de necesidad económica- suprimiendo el requisito de ser mayor de 45 años, para que se conceda de manera no discriminatoria. Esto permitiría tres cosas: cubrir a todos los parados sin ingresos alternativos, evitando las discriminaciones debidas a la fecha en que hubiesen llegado a encontrar en esa situación. Proporcionaría un período de cobertura a cada beneficiario más razonable, de hasta once meses, en vez de los seis que hoy se les concede. Y por último, la Renta Activa de Inserción que es un programa de carácter permanente, no sujeto a la necesidad de prorrogarse periódicamente, seguiría así atendiendo a estas situaciones de necesidad, como un derecho subjetivo universal.

Por otra parte es necesario abordar sin falta la reforma de los sistemas de Rentas Mínimas de Inserción que han desarrollado las Comunidades Autónomas. No se ha hablado apenas de la heterogeneidad en la configuración de estas rentas mínimas que generan efectos discriminatorios. Según datos del CES referidos a 2008, en el País Vasco, cubrían a unas 40.000 personas que recibían más de 600 euros al mes; en Extremadura, a poco más de un millar que recibían 388 euros/mes. En Asturias acabamos de conocer que ya cubre a 17.313 asturianos que perciben un importe medio de 355,40 euros.

Esto lleva a una segunda propuesta que UPyD presentó hace ya meses: que se sumen los esfuerzos de la Administración Central y de las Comunidades Autónomas además de coordinar la gestión de la Renta Activa y las Rentas Mínimas para que resulten complementarias, homogeneizando los criterios de concesión de estas últimas y reforzando su orientación hacia la reinserción laboral. Se trataría de construir un sistema homogéneo  de Rentas de Inserción que tendría dos fases: una primera activa (nacional) y una segunda mínima (autonómica). En esta segunda fase, el gobierno central debe jugar un papel que ahora no desempeña, coordinando a todas las Comunidades de forma que los requisitos de admisión a la percepción de la ayuda, la duración y la cuantía sean similares en toda España.

Se trata en definitiva de construir un verdadero sistema nacional de protección contra la exclusión y la marginalidad que ahora no existe. La suma y coordinación de todos estos esfuerzos dispersos debería garantizar la financiación del sistema, pero en todo caso si hay que prescindir de algo volvamos la mirada hacia tanto exceso y proliferación de entes públicos inútiles, televisiones autonómicas, observatorios redundantes o fundaciones y agencias de difícil justificación, auténtico sumidero de fondos públicos que urge taponar sin tardanza.

Desde luego en UPyD tenemos claras desde hace tiempo nuestras prioridades y las hacemos públicas. Esperemos que esta claridad alcance tanto a los que cada viernes buscan el milagro que les devuelva la credibilidad perdida, como a los que desde una confortable oposición se han refugiado en los errores ajenos para amparar su falta de propuestas. No es una cuestión sólo de credibilidad política, sino principalmente de supervivencia y justicia.  

 

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