Mi escuela

Gracias a Carlos Arias, entrañable compañero (te llamabas como el lloroso Presidente del Gobierno y no nos habíamos dado cuenta)  ahí esta la foto de mi primera escuela, en Monteana-Gijón, calculo será hacia 1971… ¡como pasa el tiempo!. Y sin embargo si cierro los ojos os veo a todos cómo entonces: rodillas al aire (las piernas no entendían de estaciones)generalmente hechas un Cristo, jersey de lana en invierno y polo de lycra en verano, ojos enormes y despiertos, el pelo cortado con un casco y orejas de soplillo (en eso os gano a todos). Tampoco se me olvida el mandilón azul de la maestra, Dña. Gumersinda Fociños Blanco, gallega, alta y de piel muy fina. Ella sola se bastaba y se sobraba para desbravar a toda esa manada de cafres que vivíamos pegados al monte, y no sólo geográficamente sino también mentalmente y eso que la ciudad estaba a unos 10 kilómetros. Es necesario un  homenaje a aquellos maestros y maestras que en una España gris y mucho más pobre supieron entregar lo mejor de si para que aquellos “guajes” tuvieran una oportunidad en la vida, se lo debemos.

Atender a esa escuela rural, con niños desde los 5 hasta los 14 años, vivir de lunes a viernes en una casa prefabricada contigua a la escuela con la sola compañía de tu hijo y regresar a casa los fines de semana sólo se puede hacer si tienes una vocación muy fuerte, de maestra desde luego, pero en el fondo de servir a los demás. Cuando ahora hablamos de la reforma de la educación, de mantener una educación pública de calidad, muchos creen que hablamos de más presupuesto, de más dinero, y no, no es eso, al menos no es sólo eso, no es ni siquiera lo fundamental. 

La inversión imprescindible no es llenar las aulas de ordenadores y pizarras electrónicas, lo que necesitamos es cuidar y recuperar la moral del material humano, de los maestros y profesores que tiene que lidiar en las aulas con generaciones más difíciles que las nuestras, en un mundo mucho más complejo que aquel, darles el valor que tienen, que es mucho y ofrecerles nuestra estima. En todas las reuniones que he tenido estos días con funcionarios de todas las ramas, siempre sale la misma petición: que nos escuchen y nos valoren….ah y no, no pedimos aumento de sueldo, no en este momento.

Pero vuelvo a la foto, sólo hay que mirar las “cuentas” que hay en la pizarra para adivinar el nivel que entonces tenía la enseñanza pública, es una buena muestra de que el dinero no lo es todo, necesitamos muchas Gumersindas de nuestro tiempo.

Por cierto, viendo la foto, me doy cuenta de lo guapas que eran las “guajas” de mi escuela….no se puede decir lo mismo de nosotros, los “guajes” de las orejas de soplillo.

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5 respuestas a Mi escuela

  1. fernando gonzález dijo:

    Vaya recuerdos que me trae esa foto. Más o menos similar a la de tantas escuelas de pueblo. Con aquellos encerados y escribir con tiza. La pizarra y el pizarrin. La vara del maestro y algún varazo que caia cerca.
    Lo mejor cuando ibamos (dos y solo no podia) a la escuela de niñas a por la leche en polvo en invierno.
    En aquella escuela con unas puertas que entraba el frio en invierno que me tuvo cuatro meses en cama de enfriamiento de riñón. Como era el más pequeño estaba en la última mesa y por allí entraba más frio. En fín ,tiempos que por pasados no fueron ni mejores ,ni peores, simplente fueron. Y como dice uno , era lo que había. salu.

  2. Antonio de la Torre dijo:

    Pero hombre de Dios, no nos dejes así y dinos quién eres en la foto!

  3. Nacho Prendes dijo:

    Antonio está clarísimo, soy el de pantalón corto

  4. Carlos Arias dijo:

    Mi padre que también se llama Carlos Arias conocía al personaje que era Alcalde de Madrid desde el año de nuestro nacimiento. Tenía familia en Asturias para la que mi padre trabajó alguna vez. Un amigo me habla a veces de la familia leonesa de su mujer. Para mí no fue una sorpresa verle aquel 20 de noviembre en que tú ya no estabas en la escuela.
    La mejor anécdota con el nombre ocurrió el día en que siendo un adolescente pedí cita con unos conocidos oculistas. La primera sorpresa es que me la dieron en el acto. La segunda es que salió todo el personal a recibirme. La tercera es la cara de estupor que pusieron al verme.

  5. Carlos Arias dijo:

    Comparto parcialmente la idea de que “necesitamos muchas Gumersindas”. Yo creo que necesitamos muchos D. Pedro y D. Angel. Los dos mejores maestros que tuve más tarde en Lloreda. Eran y son dos auténticos maestros vocacionales pero con formación técnica y pedagógica mucho más alta. Han marcado a decenas de promociones de los colegios públicos de Gijón.
    Cuando las cosas se iban poniendo feas en los últimos lustros a pesar del dinero que se gastaba pensaba en ellos casi todos los días. Pensaba en lo que lograban sin recursos pero con su ilusión y con el apoyo incondicional que tenían de los padres. El facebook me ha permitido volver a estar en contacto con ellos.

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