Reconstruir el Estado

Reconstruir el Estado

Cuatro meses ya desde la última entrada…¡cómo pasa el tiempo! Si parece que fue ayer cuando andábamos con megáfono y tarima por esas plazas de Dios. En este tiempo tal parece que hubiese pasado un vendaval, un tsunami de deuda soberana quizá. Hemos consumido planes de rescate, contrarreformas fiscales, decretos laborales de ida y vuelta, hasta reformas constitucionales de saldo con aire alemán, todo a la misma velocidad con la que el yonki se mete el último buco. Pero más allá del efecto placebo pensando que algo hacemos para huir del desastre, nada nuevo bajo el sol.

El que esperaba fumándose un puro a que le toque su turno, ahora espera fumándose dos y descubriendo las delicias del twitter. El prejubilado presidente, campeón del “cómo sea”, más jubilado que nunca arrastrando su triste figura por despachos y cumbres que visita de incógnito, después de montar este gigantesco destrozo ya sólo aspira a ser vigilante de nubes.

Los magnánimos nacionalistas periféricos montando en cólera ante un artilugio creado ex profeso para joderles la vida, algo que suelen llamar Estado de Derecho, ¡en que cabeza cabe que a alguien se le ocurra estudiar en español, con lo bien que lo aprenden los niños en la calle! No hay cuidado, se organiza la enésima insumisión institucional esta vez desde el mismo Congreso de los Diputados y como siempre con la complicidad de los que gobiernan y lo que queda de izquierda despistada, y siguen camino de su propia transición.

Y por la verde Asturias, otro tanto de lo mismo, los viejos-recién llegados montando en cólera día si, día no; que hay que administrar la cólera hasta el 20-N, no vaya a ser que se pinche el globo del orgullo asturiano cuando les digamos a nuestros compatriotas que lo de más hospitales, más planes de empleo, más universidades, más mataderos, más Asturias, más Madrid, en fin…..más de todo y menos impuestos, va a ser que no por el momento.

A algunos nos queda el consuelo de recordar que no hace tanto mientras otros llenaban sus discursos de agravios y promesas, nosotros hablábamos de lo que de verdad importa.

Nadie nos tuvo que descubrir ningún déficit sanitario, ni nos tuvo que explicar en una tarde el valor de la estabilidad presupuestaria, de la transparencia o de la austeridad pública. Nadie nos tuvo que cantar las excelencias de un mercado único libre de la maraña normativa autonómica, ni de unas Cajas de Ahorro saneadas y libres de la interferencia partidista. Nadie nos tuvo que explicar a voces en la calle las perversidades de nuestro sistema electoral que arruina las posibles alternativas, ya lo habíamos teorizado, puesto por escrito y llevado al Parlamento, aunque algunos que ahora proponen reformas electorales (a la moda alemana por supuesto) entonces se reía condescendientemente.

Nadie nos tuvo que descubrir la bancarrota de muchos ayuntamientos y la montaña de administraciones bajo la que vivimos, nosotros ya habíamos propuesto la fusión municipal y la posterior supresión de diputaciones. Nadie nos tuvo que recordar que el futuro nos lo jugamos en la calidad de nuestro sistema educativo y que más vale proteger su financiación, como la de la sanidad, la educación o las pensiones, si queremos un país digno de ser vivido, pero que no todo se arregla insuflando más dinero al sistema, hacen falta reformas profundas y duraderas.

Ningún tribunal nos tuvo que apretar las tuercas para que descubriésemos lo indecente que resulta llevar imputados en las listas, la decencia la traíamos puesta de casa.

Nadie nos tuvo que descubrir en definitiva el valor de la credibilidad de un país, ese bien intangible que tanto tardamos en conseguir y que unos insensatos destruyeron en tan pocos años. Los mismos insensatos que fueron incapaces de ponerse de acuerdo para fijar un techo de gasto en sus territorios y ante el escándalo exterior tuvieron que recurrir, pocos días después, a reformar la Constitución por la puerta falsa y saltándose cualquier principio democrático.

En definitiva, nadie nos tuvo que descubrir como a modernos sans-culottes el valor de un concepto que entre tanta globalización algunos buscan desesperadamente, el concepto de Estado.

Muchos claman ahora por recuperar a los ciudadanos para la causa pública, la mayoría ya no sabe sobre que porción del territorio ejercita sus competencias el gobierno de lo que antes se llamaba España, y que el poder político real se apellida Merkel u Obama es ya un hecho irrefutable para todos.

Cuando parece que el poder se aleja y se nos escapa ¿qué podemos hacer?, ¿cuál es nuestra tarea entre tanto desbarajuste? Me hago muchas veces estas preguntas, no debo ser el único. Si tuviera que explicar, en una frase, en un concepto, la suma de pequeñas y grandes tareas que nos quedan por delante, nada mejor que acudir a un conocido artículo de D. José Ortega y Gasset publicado en el diario El Sol el 15 de Noviembre de 1930, en un momento histórico distinto pero en el que también nuestro país se asomaba al precipicio y se atisbaban cambios definitivos. Hablaba Ortega del “error Berenguer”, cambiemos el nombre y pongamos “error Zapatero” (aunque me parce injusto reducir la titularidad del error solo al Presidente, es error PSOE, error PP, error clase política si me apuran)

Gritaba el filósofo indignado de entonces:

Este es el error Berenguer de que la historia hablará.

Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el Régimen mismo; nosotros gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestro conciudadanos: ¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!.

 Pues eso que toca reconstruir el Estado, cuanto primero mejor, el 20-N no es mala fecha para empezar.

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7 respuestas a Reconstruir el Estado

  1. Jorge Menéndez dijo:

    muy bueno Nacho,me convence
    un abrazo

  2. Carmen dijo:

    Estimado Nacho,
    pues alguien nos tuvo que descubrir cómo se ganan las elecciones en Asturias y alguien nos va a volver a descubrir cómo se vuelven a ganar.
    La pregunta que habría que hacerse es el cómo y, sobre todo, el porqué.
    Ortega hubiera nombrado claramente cuál es, en esta región, el error. Y no es ni Zapatero ni Rajoy. Ahora bien, si queremos ampararnos en “el error Zapatero” para, aquí, donde vivimos, no afrontar el verdadero problema, si queremos ampararnos hasta en “la clase política”, de la que tu formas parte, te recuerdo, aunque sea in pectore, pues, como dice el refrán, recogeremos “estos lodos”.
    Sólo la crítica nos hará libres. Y la crítica es siempre destructiva antes de poder construir. Quien no entienda esto se rodeará de mentirosos y siervos. Y sólo llegará, en política, donde ya llegaron los demás.
    Un abrazo y mucha suerte
    Carmen

    • Nacho Prendes dijo:

      Hay descubrimientos que no son tales. Lo de envolverse en la bandera del orgullo mancillando, apelar a una supuesta identidad ninguneada, ofrecer más de todo y además bajando los impuestos, todo ello envuelto en una costosa campaña con claros apoyos mediáticos y además cuando los rivales te han dejado el campo abierto ante su constatada inutilidad, hace mucho que está inventado. El porqué de este éxito tiene variadas explicaciones que exceden de este humilde blog, Ortega lo hubiese diseccionado estupendamente, no lo dudo, quizá también Fernando Vela por orteguiano de verdad y asturiano de pro. Si el objetivos es ganar elecciones, la demagogia y el populismo desgraciadamente son armas muy útiles y muy utilizadas, aspirar a cambiar esta sociedad que no nos gusta es otra cosa. Algunos no nos planteamos como objetivo “a toda costa” ganar elecciones, seguramente que somos unos insensatos, pero al menos dormimos con una tranquilidad de conciencia pasmosa, hablamos de lo importante cuando tocaba y no prometimos lo que sabíamos imposible.
      Lo que pase en las próximas elecciones está por ver, yo no aseguraría victorias con tanta ligereza, eso sí algunos ganadores recientes siguen en campaña manteniéndonos en un febril estado preelectoral desde el 1 de Enero y eso me parece malísimo para Asturias, aunque el protagonista se reclame heredero del mismísimo Pelayo. Están “echando el resto” como suele decirse, el gasto publicitario es tremendo, a veces me pregunto, ¿tanto se juegan? ¿de dónde sale todo ese dinero?. No sé si tu te haces estas preguntas también.
      La crítica bienvenida sea Carmen, si se hace en su lugar, momento y cauces correspondientes sólo puede ser positiva. Más que libres digamos que nos mejora en todos los sentidos, siempre la he valorado, la comparta o no. Quien me conoce de verdad te lo puede asegurar. Escribo esto entre la contestación a un deshaucio por precario y la consulta con un cliente que me espera en la sala para comentarme algún problema, quizá por eso no me acostumbro a ser considerado “clase política”; puede que lo sea, no lo sé, en todo caso una clase de político un poco raro, no?. Gracias por tu comentario y tus deseos, lo mismo para ti

  3. Manuel dijo:

    Esperemos que los ciudadanos sean conscientes de lo que se juegan en estas elecciones y sepan distinguir entre tanto discurso demagógico y populista a quienes mantienen una senda de coherencia y son capaces ofrecer una propuesta verdaderamente válida para construir un Estado fuerte que garantice sus derechos y libertades.

  4. Carmen dijo:

    Estimado Nacho,

    te agradezco tu respuesta, tanto más valiosa cuanto que sé lo ocupado que estás. Mi intervención en tu blog (no hay blog interesante sin voces diversas) fue muy sintética y sólo pretendía poner de relieve un factor concreto que, según mi entender, no se valoró durante la campaña en todo su peligro: la opción Cascos. Nombremos al adversario, uno de ellos, para identificarlo y para que no crean que le tenemos miedo. Cuando me refiero al “cómo ganó” es, efectivamente, como bien dices, porque me pregunto qué dinero le financia y para qué. El porqué ganó, lo describes acertadamente en tu respuesta, al menos varias de las razones. Tienes razón también en que en la próxima campaña está por ver cuál será su futuro. A muy largo plazo no creo que lo tenga. Pero ya se verá. De modo que asiento a lo que ahora dices.
    Quien me conoce sabe que ni en mi vida personal, profesional o política he aspirado nunca a ganar. Muy al contrario. En mi intervención, el referirme al Cascos ganador, digamos que fue un recurso retórico para poner al descubierto una realidad muy concreta que no se abordó suficientemente en su momento.
    Así que puesto que estamos de acuerdo en la teoría probablemente el desacuerdo viene de la práctica. Y no quiero aquí volver sobre lo que tú sabes bien.
    Por último, dos precisiones. La crítica creo que tiene que ser siempre bienvenida porque por sí misma tiene su lugar, su momento y su cauce. No necesita buscarlos. Nadie necesita dárselos. El deplorable estado de este país se debe precisamente, entre otros motivos, a la mordaza que pesa sobre la crítica, que estorba porque nos reenvía una imagen que no aceptamos y pone en peligro el Poder, cualquiera que éste sea. Y, por último, creo que considerarte un político sólo puede ser un bien para Upyd. Si todos los ciudadanos nos considerásemos políticos sería una forma de luchar contra los abusos del Poder acaparado por incompetentes a sueldo y, por lo tanto, obedientes y sumisos.
    Un abrazo
    Carmen

  5. José Manuel dijo:

    ¡ Oh Nacho!, vamos a ver; el estar en politica, a mí modesto entender, es ganar elecciones, entre otras muchas y variadas cosas, y para ello, mal que te pese ó no te guste, es hacer populismo y demagogía, como Tu mismo reconoces.
    Para cambiar ésta sociedad, que no nos gusta, es necesario, y es que desde una plataforma mas elevada, las miras y la resonancia, son mas influyentes, y por lo tanto, tendran mas repercusión en ésta maltrecha sociedad.
    Como tampoco, es necesario esprintar, al igual que no ser corredor de fondo; porque lo que es bueno hoy, mañana es obsoleto, y es que las tecnologias, nos imponen el ritmo de la vida.
    Saludos
    José Manuel

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