Las palabras de un genio

Quizá a muchos os pasará como a mi, como pasa siempre, ha tenido que morir para que conozca este magnífico discurso. Cuando a tanto pedante se le llena la boca con “palabros” como “emprendimiento”, “capital humano”, “I+D+i”…. este sencillo discurso (apenas un cuarto de hora) en una de las mejores Universidades del mundo, dichas por alguien que  no acabó sus estudios universitarios por falta de dinero y que sin embargo no encontró obstáculos para desarrollar su genio, progresar y hacer progresar el mundo, valen por 100 masters en las mejores escuelas de negocios.

Hay silencios atronadores en este discurso, ante un auditorio gigantesco valen más que cualquier salva de aplausos. Y es que habla de lo realmente importante: la vida, la muerte, el amor, son las palabras de un filósofo no las de un simple tecnólogo, la última parte casi me recuerda a Jorge Manrique y las “coplas a la muerte de su padre”, y es que como Jobs dice hay que saber conectar los puntos del pasado para construir el futuro.

Ahora cerremos los ojos e imaginemos la lección magistral de cualquier Universidad española, nada que ver, ¡cuanta pedantería barata! ¡que lejos estamos del progreso!.

¡¡Stay hungry, stay foolish!!… ¿quien les dirá esto a nuestros jóvenes? Necesitamos más filósofos y menos gurús.

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Reconstruir el Estado

Reconstruir el Estado

Cuatro meses ya desde la última entrada…¡cómo pasa el tiempo! Si parece que fue ayer cuando andábamos con megáfono y tarima por esas plazas de Dios. En este tiempo tal parece que hubiese pasado un vendaval, un tsunami de deuda soberana quizá. Hemos consumido planes de rescate, contrarreformas fiscales, decretos laborales de ida y vuelta, hasta reformas constitucionales de saldo con aire alemán, todo a la misma velocidad con la que el yonki se mete el último buco. Pero más allá del efecto placebo pensando que algo hacemos para huir del desastre, nada nuevo bajo el sol.

El que esperaba fumándose un puro a que le toque su turno, ahora espera fumándose dos y descubriendo las delicias del twitter. El prejubilado presidente, campeón del “cómo sea”, más jubilado que nunca arrastrando su triste figura por despachos y cumbres que visita de incógnito, después de montar este gigantesco destrozo ya sólo aspira a ser vigilante de nubes.

Los magnánimos nacionalistas periféricos montando en cólera ante un artilugio creado ex profeso para joderles la vida, algo que suelen llamar Estado de Derecho, ¡en que cabeza cabe que a alguien se le ocurra estudiar en español, con lo bien que lo aprenden los niños en la calle! No hay cuidado, se organiza la enésima insumisión institucional esta vez desde el mismo Congreso de los Diputados y como siempre con la complicidad de los que gobiernan y lo que queda de izquierda despistada, y siguen camino de su propia transición.

Y por la verde Asturias, otro tanto de lo mismo, los viejos-recién llegados montando en cólera día si, día no; que hay que administrar la cólera hasta el 20-N, no vaya a ser que se pinche el globo del orgullo asturiano cuando les digamos a nuestros compatriotas que lo de más hospitales, más planes de empleo, más universidades, más mataderos, más Asturias, más Madrid, en fin…..más de todo y menos impuestos, va a ser que no por el momento.

A algunos nos queda el consuelo de recordar que no hace tanto mientras otros llenaban sus discursos de agravios y promesas, nosotros hablábamos de lo que de verdad importa.

Nadie nos tuvo que descubrir ningún déficit sanitario, ni nos tuvo que explicar en una tarde el valor de la estabilidad presupuestaria, de la transparencia o de la austeridad pública. Nadie nos tuvo que cantar las excelencias de un mercado único libre de la maraña normativa autonómica, ni de unas Cajas de Ahorro saneadas y libres de la interferencia partidista. Nadie nos tuvo que explicar a voces en la calle las perversidades de nuestro sistema electoral que arruina las posibles alternativas, ya lo habíamos teorizado, puesto por escrito y llevado al Parlamento, aunque algunos que ahora proponen reformas electorales (a la moda alemana por supuesto) entonces se reía condescendientemente.

Nadie nos tuvo que descubrir la bancarrota de muchos ayuntamientos y la montaña de administraciones bajo la que vivimos, nosotros ya habíamos propuesto la fusión municipal y la posterior supresión de diputaciones. Nadie nos tuvo que recordar que el futuro nos lo jugamos en la calidad de nuestro sistema educativo y que más vale proteger su financiación, como la de la sanidad, la educación o las pensiones, si queremos un país digno de ser vivido, pero que no todo se arregla insuflando más dinero al sistema, hacen falta reformas profundas y duraderas.

Ningún tribunal nos tuvo que apretar las tuercas para que descubriésemos lo indecente que resulta llevar imputados en las listas, la decencia la traíamos puesta de casa.

Nadie nos tuvo que descubrir en definitiva el valor de la credibilidad de un país, ese bien intangible que tanto tardamos en conseguir y que unos insensatos destruyeron en tan pocos años. Los mismos insensatos que fueron incapaces de ponerse de acuerdo para fijar un techo de gasto en sus territorios y ante el escándalo exterior tuvieron que recurrir, pocos días después, a reformar la Constitución por la puerta falsa y saltándose cualquier principio democrático.

En definitiva, nadie nos tuvo que descubrir como a modernos sans-culottes el valor de un concepto que entre tanta globalización algunos buscan desesperadamente, el concepto de Estado.

Muchos claman ahora por recuperar a los ciudadanos para la causa pública, la mayoría ya no sabe sobre que porción del territorio ejercita sus competencias el gobierno de lo que antes se llamaba España, y que el poder político real se apellida Merkel u Obama es ya un hecho irrefutable para todos.

Cuando parece que el poder se aleja y se nos escapa ¿qué podemos hacer?, ¿cuál es nuestra tarea entre tanto desbarajuste? Me hago muchas veces estas preguntas, no debo ser el único. Si tuviera que explicar, en una frase, en un concepto, la suma de pequeñas y grandes tareas que nos quedan por delante, nada mejor que acudir a un conocido artículo de D. José Ortega y Gasset publicado en el diario El Sol el 15 de Noviembre de 1930, en un momento histórico distinto pero en el que también nuestro país se asomaba al precipicio y se atisbaban cambios definitivos. Hablaba Ortega del “error Berenguer”, cambiemos el nombre y pongamos “error Zapatero” (aunque me parce injusto reducir la titularidad del error solo al Presidente, es error PSOE, error PP, error clase política si me apuran)

Gritaba el filósofo indignado de entonces:

Este es el error Berenguer de que la historia hablará.

Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el Régimen mismo; nosotros gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestro conciudadanos: ¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!.

 Pues eso que toca reconstruir el Estado, cuanto primero mejor, el 20-N no es mala fecha para empezar.

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Con esperanza, con convencimiento

Vuelvo a traer a colación a uno de mis poetas favoritos, Angel González, y su magnífico libro “Sin esperanza, con convencimiento” y de él el poema tiulado: “Otro tiempo vendrá distinto a éste…

Otro tiempo vendrá distinto a éste.

Y alguien dirá:

“Hablaste mal. Debiste haber contado

otras historias:

violines estirándose indolentes

en una noche densa de perfumes,

bellas palabras calificativas

para expresar amor ilimitado,

amor al fin sobre las cosas

todas.”

Pero hoy,

cuando es la luz del alba

como la espuma sucia de un día anticipadamente inútil,

estoy aquí,

insomne, fatigado, velando

mis armas derrotadas,

y canto

todo lo que perdí: por lo que muero.

 

Como decía Neruda: la poesía es de quien la necesita no de quien la escribe. Por eso este poema, seguramente en contra de la intención del poeta, siempre me trae imágenes de esperanza tras la batalla (otro tiempo distinto vendrá…) Nadie podrá decir nunca, que en tiempos tan decisivos como estos no hablamos de lo importante, dejamos para otros el ruido y la furia. En algún mitin me permití cambiar el título y lo hemos utilizado como uno de los lemas de campaña: “con esperanza y convencimiento”.

Buen día para la poesía, mientras fatigados velamos unas armas en absoluto derrotadas. La conciencia tranquila, los pies todavía doloridos, la esperanza en lo alto y toda una tarde para dedicársela a la “princesita” más guapa….estado próximo a la felicidad.

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Recuerdos para una despedida

Desgraciadamente el torbellino en el que uno vive desde hace meses se paró ayer con una noticia inesperada y dolorosa, el domingo de madrugada se murió José Luis Martínez, el “cura buenu” como lo bautizaron sus feligreses. Personalmente vivo días de mucho ajetreo, de cambios próximos y retos que nunca pensé que tuviera que afrontar. Pero casi todo lo que hago y lo que digo estos días está anclado en unas convicciones que se forjaron en tiempos lejanos  y gracias precisamente al contacto con personas como José Luis, a él le debo el aprecio por la palabra compromiso y todo lo que significa.
Y como son días de urgencias pego aquí el artícuo que escribí el año 2003 con ocasión de su jubilación como cura de San José de Gijón, le debo algo más pausado pero un blog que tiene como referencia el tren tenía que parar en esta estación, Jose Luis ¡gracias por tu ejemplo y hasta siempre!

Recuerdos para una despedida

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Asturias, la vieja y la nueva política

El 23 de marzo de 1914 Ortega y Gasset pronunciaba una conferencia en el Teatro de la Comedia de Madrid titulada: Vieja y Nueva Política. En ella señala: “la España oficial consiste, pues, en una especie de partidos fantasmas que defienden los fantasmas de unas ideas y que, apoyados por las sombras de unos periódicos, hacen marchar Ministerios de alucinación”.

Si no hubiesen transcurrido casi cien años podríamos pensar que esa descripción corresponde a nuestros días. Y es que el 22 de mayo nos jugamos mucho más que un simple cambio de poderes locales. No se trata de decidir entre quien ofrece un polideportivo más, una nueva autovía o la solución con su presencia a todos los males. Lo que está en juego, en Asturias más que en ningún sitio, es la dialéctica entre la nueva y la vieja política. Entre la vieja política que se ha venido haciendo en Asturias los últimos 25 años -basada en la “influencia en Madrid”, las grandes obras públicas y la cultura de la subvención y la dependencia pública- y la nueva política que necesitamos para el siglo XXI. Y es que mientras nuestra vieja clase política se enzarzaba en sus querellas internas el mundo ha seguido girando.

Esta nueva política exige en primer lugar, claridad. La foto de Asturias hoy viene marcada por cuatro datos que nos duelen: somos la comunidad que en 2010 registró un mayor descenso de población, ocupamos el segundo lugar en menor crecimiento del PIB en la última década, desde Julio de 2008 se han destruido ya 40.000 empleos y nuestra Tasa de Actividad es la más baja de toda España, ocho puntos por debajo de la media y con 390.600 ocupados para sostener a una población de algo más del millón de habitantes.
Y sin embargo vivimos en una sensación de falso bienestar, conseguido gracias a la expulsión de toda una generación que hoy tiene a su tierra como referente no laboral sino de vacaciones, y a una política de trasferencia de rentas públicas que ha funcionado como adormidera. Política aceptada y exhibida como trofeo por toda la clase política asturiana, de la derecha a la izquierda. En este contexto se ha aceptado como natural que un ingeniero de minas pueda jubilarse en una empresa pública a los 52 años, con 250.000 euros de premio y una pensión mensual de 3.000 euros; y no, no es un problema de nombres, lo verdaderamente grave es que una sociedad que admite esto es, sin duda, una sociedad enferma. Y no podrá curarse si no empieza reconociendo la naturaleza de sus males.
Una sociedad que precisa, y esta es la segunda característica de la nueva política, suturar el abismo que se ha abierto entre la Asturias oficial y la Asturias real. Hay una Asturias real que pugna por encontrar su lugar en un mundo cada vez más global y competitivo, que silenciosamente ha ido cambiando su tejido productivo y sabe que el progreso se juega no en metros cúbicos de hormigón sino en capacidad de acumular conocimiento e innovación y es consciente de que las auténticas barreras que hoy limitan nuestra competencia son más mentales que físicas. De esa Asturias forma parte una nueva generación de asturianos, sobreformada y con subempleo, la de los perpetuos empleos temporales, la que ya sabe que no accederá a los mismos niveles de bienestar que sus padres; que debe, por fin, ocupar su lugar en las instituciones en sustitución de la vieja clase política que vive más ocupada por sus asuntos.
Esa nueva generación de asturianos no está dispuesta a negociar con los tópicos al uso, no necesita ponerse el casco de minero, fotografiarse echando un culín de sidra o citar profusamente a Jovellanos para sentir como propia también la historia y cultura común; saben que el recurso al tópico, las más de las veces, sólo encierra falta de ideas y nostalgia del pasado.

Esa nueva política debe superar el localismo, debe ser capaz de pensar Asturias en su conjunto y no como una suma de valles o ciudades agregadas. O ganamos tamaño y unidad cara al exterior o nuestro futuro será chato y romo como la visión de quien nos dirige. ¿Cómo puede ser que en el área central de Asturias convivan 4 palacios de congresos construidos con dinero público y compitiendo entre sí? Es sólo un sencillo ejemplo de la política de exaltación del particularismo, que ha venido muy bien a los poderes locales a costa de derrochar ingentes recursos y comprometer el gasto futuro. Tampoco en esto podemos confiar en esa clase política antigua que saca las urnas a la calle para oponerse a la construcción del Niemeyer en Avilés, es incapaz de integrarse en el Consorcio de Transportes del Área Central o discute si los fondos mineros pueden financiar la Autovía del Suroccidente. Convertir el área central de Asturias en la verdadera Ciudad Astur, cohesionada y diversa que actúe como polo tractor y elemento de integración de los territorios periféricos es una necesidad imperiosa que requiere de algo más que de la pura exhibición de unos planos. Precisa de una voluntad política que hoy nuestra antigua clase política no tiene, supondría comprometer algunas parcelas de poder a las que no están dispuestos a renunciar.

Finalmente, la nueva política exige superar el sectarismo y la ocupación de la administración pública. Necesitamos abrir las ventanas y eliminar el control partidista de la administración, garantizar la transparencia y el libre acceso a la información pública como primer paso para luchar contra la corrupción y devolver el poder a su legítimo dueño, el ciudadano. La nueva política huye de la privatización de la política entendida como un asunto particular de una clase, cosa de demagogos y salvadores que prometen lo que no hicieron en el pasado. Frente a eso se impone la política entendida como una responsabilidad pública, un compromiso con tu tierra y con sus gentes, sin aspiraciones de convertirla en un simple medio de vida. Hoy más que nunca, en Asturias hay que reiterar algo obvio pero en desuso, la nueva política no admite como límite de lo correcto el Código Penal, ni como parapeto secreto sumarial alguno. Si la despojamos de todo contenido ético la política se vuelve algo miserable, propio de logreros y pícaros, hábiles para mezclar el interés general con el suyo propio; admitir esto degrada nuestra condición de ciudadanos y nos aproxima a una cierta “italianización” de la vida pública que algunos no aceptamos como horizonte.

En definitiva la nueva política apela a la sociedad civil asturiana, a esa sociedad civil que tiene que ocupar su sitio en las instituciones desplazando a la vieja Asturias que “con sus usos y sus abusos está acabando de morir”. La Asturias “vertebrada y en pie” que Ortega reclamaba hace casi cien años y en la que muchos todavía confiamos.

Artículo que hoy publica La Nueva España en su sección de política.

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1 de Mayo

Hoy es un día de fiesta aunque haya pocos motivos de celebración. La publicación de la EPA este viernes, mientras todos los periódicos y medios de comunicación se hacían eco de la idílica boda de un príncipe inglés y su enamorada plebeya, me traía a la mente la imagen de Wallace Hartley y sus compañeros de la Orquesta del Titanic, tocando en cubierta mientras el trasatlántico se hundía sin remedio. Ninguno de ellos sobrevivió.

Igualmente, hoy ha habido cientos de manifestaciones en toda España en defensa de los trabajadores y sus derechos. Soy de los que creen que los sindicatos son necesarios, casi diría imprescindibles, en una sociedad democrática digna de ese nombre. Pero con 4.910.000 parados si no quieren convertirse en otra Orquesta del Titanic deberían poner sus ojos, no tanto en su principal clientela: los trabajadores de grandes empresas, de más de 45 años, con contrato fijo y sindicalizados. Sino en aquellos por los que hoy no se ha manifestado casi nadie, a pesar de ser los auténticos paganos de esta crisis: los jóvenes, las mujeres y los inmigrantes. A costa de ellos se ha hecho el ajuste laboral en España, era a los que resultaba más fácil despedir, eternos vagabundos de contrato en contrato sin derecho a indemnización o buceadores de esa economía sumergida que según algunos representa en nuestro país nada menos que el 17% del PIB.

Estamos al borde de un hecho dramático, por primera vez la rueda del progreso está a punto de dar marcha atrás, la generación de jóvenes que hoy pugna por encontrar un empleo es posible que en el futuro viva en peores condiciones que lo hicieron sus padres. Si eso acaba siendo así será inevitable que muchos de ellos se cuestionen para que sirvieron unos sindicatos que se preocuparon más de asegurar su confortable presente que de ganar el futuro. Que nadie recurra entonces a los consabidos salmos contra la desafección juvenil hacia la política y el compromiso sindical, será ya tarde.

Algunos humildemente hemos levantado la voz, y lo hemos hecho en un lugar muy significativo, entre la estación de autobuses y el nuevo campus universitario de Mieres, las razones de por qué hoy y por qué allí eran estas: Manifiesto 1 de Mayo de UPyD-Asturias.

Incluso logramos llamar la atención de la TPA que nos ha situado nada más y nada menos que en la Plaza de San Pedro en Roma, no eramos tantos como en la beatificación del Papa Woyjtyla, pero casi. Debemos de tener un cierto aroma de santidad sino no se explica

Claro que en 17″ poco se puede decir, el documento completo lo encontraréis aquí: http://www.upyd.es/contenidos/noticias/118/59149-Manifiesto_1_de_mayo_UPyD_Asturias

Que no permanezcamos indiferentes ante el martilleo de las negras estadísticas de paro porque un país como España con 4.910.000 parados es un país fracasado, que quienes tienen algún poder entiendan que no hay más urgencia que esta y hoy, más que nunca, que los sindicatos sean valientes y no permanezcan inmóviles cual Orquesta del Titanic, es mucho lo que nos jugamos….todos.

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Una sentencia de obligada lectura

En Asturias nos estamos acostumbrando a que sean los jueces los que hagan los más certeros análisis de nuestra realidad, publica hoy la prensa la sentencia que resuelve la querella interpuesta por Paloma Sáinz contra Jaime Reinares, por las acusaciones que este le lanzó en su día en relación con el conocido como caso “Venturo XXI”, la empresa de cartografía instalada en el Pozo Venturo con generosas ayudas públicas y que acabó convirtiéndose en un auténtico fiasco.
La lectura de esta sentencia resulta muy recomendable para entender por qué la reactivación de las Comarcas Mineras ha desembocado en un auténtico fracaso, a pesar de la cantidad de recursos públicos disponibles, y facilita la comprensión de conflictos latentes como el de Alas Aluminium. Esta frase de la sentencia lo explica casi todo: puede afirmarse que la sociedad no nació cimentada en la realidad ni en criterios empresariales, sino sobre la base de la ilusión, el optimismo y las aspiraciones de grandeza de los que promovieron, alentaron y consintieron su creación. 

Esta Sentencia explica también la laxitud moral con la que el PSOE ha venido gobernando Asturias en los últimos años, laxitud que le ha permitido aceptar sin ningún rubor que un cargo público conceda subvenciones millonarias a una empresa administrada entre otros por su marido (aunque ese cargo lo ocupe en calidad de representante de otra empresa pública y no a título personal) y no pase nada. Mejor dicho si pasan cosas, se renueva la confianza en esa persona para ser nuevamente candidata a la alcaldía de la capital. Todavía alguno después del 22-M se preguntará pero ¿qué hemos hecho para merecer este castigo?.

Pero si esto es una vergüenza para el partido que alienta y consiente este comportamiento, lo que no dice la sentencia, y algunos llevamos repitiendo hace tiempo, es que la auténtica vergüenza social es que el gestor brillante que esa sentencia retrata, con 52 años, ingeniero de minas, sin enfermedad física o psíquica conocida, se haya podido jubilar de una empresa pública (Hunosa) con 250.000 euros de premio y una pensión de jubilación mensual de 3.000 euros de nada. Y no, no es una cuestión de personas da igual que el interfecto se llame Ramón, Víctor o Manuel; ni de palabras gruesas, terreno que le gusta pisar al PP, es que pocos hechos como este retratan tan bien a la Asturias de los últimos 20 años.  Esto ha sido posible gracias a un Plan de la Minería aceptado y jaleado como gran conquista por todos los partidos políticos asturianos, pactado por el gobierno Aznar  y renovado en el 2006 con el gobierno de Zapatero. Una clase política que negocia prejubilaciones como estas no tiene ninguna legitimidad para criticar que estemos a la cola de España en crecimiento de PIB, a la cabeza en paro juvenil y batiendo todos los records de envejecimiento y pérdida de población de Europa, no son alternativa a nada, no son ninguna solución sino el principal problema. Y una sociedad que acepta esto y calla es una sociedad enferma. Yo no tengo ninguna vocación de médico, ni siquiera de curandero, pero nadie me va a quitar mi derecho a indignarme y a decirle a quien quiera oír que otra Asturias es posible.

Por cierto los datos del IDEPA de los últimos seis años:

Entre 2004 y 2010, se han aprobado 1.252 proyectos de inversión que suman una inversión total de 3.126.538.388,43 euros y una inversión subvencionable de 2.423.517.365,44 euros. A estos proyectos se les ha concedido subvenciones (LIR, Miner, Miniminer, PIE y PEI) por importe de 539.349.999,65 euros y han contribuido a crear 1.324 empleos.

Hagan un simple cálculo y les saldrá que cada puesto de trabajo ha salido a: 407.364 €, ¡brillantes gestores, sin duda!

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